Son las 11.15 y me encuentro en un ático desvencijado en una zona marginal de la bella Easo, conmigo tres de los 4 componentes de No Talent, Asier el cantante y bajista sale del baño en gayumbos y se sienta junto al resto del grupo, se les nota algo cansados no descarto que Iñaki haya tomado algún tipo de psicotrópico cannabaceo. Queríamos conocer la historia de la banda, así que tras algunos balbuceos, comienzan a hablar pausadamente. Este es el resúmen de esas 6 horas con No Talent
En 1992, mientras todo el mundo se entretenía viendo los ficticios éxitos del combinado nacional en la olimpiada de Barcelona, El joven Iñaki robaba su primer coche; “Era un Citröen 2 CV”- recuerda sonriente- No llego muy lejos, el empleado de una tienda de gasolinera alerto a las autoridades al sospechar de un carné falso que Iñaki esgrimía para comprar cerveza de importación. Tras esto el que luego fuera guitarrista de No Talent comenzó su penosa carrera por reformatorios y otros centros de su misma índole. Ya en el sanatorio, en el transcurso de una reyerta in chico de color le partió literalmente un órgano Casio de los de 3,95 € en la sien. “Creo que así fue como me entro la música en la cabeza” – ironiza Iñaki. Tenía 9 años.
Después de unos meses en rehabilitación, y cumplida ya su estancia en aquel centro, Iñaki volvió a casa con su familia y su hermano mellizo Charly, pero aquella armonía familiar se rompió pronto, poco después Iñaki se engancho a las drogas, su favorito era el ácido bórico. En una ocasión llego tan colocado al colegio que en medio de una clase se levanto con unas tijeras y literalmente descuartizó a “Twiggi” y comenzó a ingerirlo; -“no sé porque cojones se le dio tanto bombo a esa historia, solo era una puta salchicha con patas” – nos explica el guitarrista. Tras esto Iñaki comenzó a recibir asistencia psicológica.
Carlos por su parte contrastaba con Iñaki por sus buenas calificaciones escolares y su excelente comportamiento y buenas calificaciones en el instituto hasta que en 1996 violase a una monja de Clausura a la salida de un aparcamiento. Sin Embargo este crimen fue atribuido a Iñaki, por lo que pasó otro par de años más en aquel reformatorio; - “Esta vez fue más fácil” comenta vagamente Iñaki -, “me lleve drogas para una década, fue una experiencia narcótica” concluye.
Entre tanto Alex intentaba superar la separación de sus padres refugiándose en el alcohol; - “No tenía ni 15 años y desayunaba Whisky” se queja Alex. Poco tiempo más tarde Alex ingresó en prisión tras clavar un tenedor en el cuello a un encargado de seguridad de una conocida sala de la noche donostiarra; “Joder, yo no quería darle en el cuello, apunte al ojo, pero el muy hijo de puta se movió” – nos explica Alex.
Corría el año 1999 y Asier ya dormía cada noche en un sanatorio mental debido a sus indicios piromaniacos y su esquizofrenia paranoide. En ese mismo año mientras Carlos ultimaba los detalles de una estafa inmobiliaria, Iñaki salió a la calle a conseguir su dosis diaria de cocaína, al no topar con su proveedor habitual se acerco a un policía de paisano y le amenazó con un palo de golf, Iñaki nos lo explica, - “Joder yo solo quería algo de jaco o heroína, pero cuando me acerque a él ya tenía el puto palo en la mano, hostias, no sé de donde cojones lo saque, creo que los putos extraterrestres me lo debieron meter por el culo!!” . Tras varios juicios Iñaki consiguió demostrar que estaba loco e ingresó en el mismo sanatorio mental que Asier.
Las cosas pintaban cada vez peor, sin embargo, mientras Carlos salía limpio de un escándalo de prostitución, Iñaki y Asier se conocieron en el comedor del manicomio, Asier nos lo cuenta; “Joder, soy un tío pacífico, pero estaba allí sentado intentando convencerme a mi mismo para comerme esa bazofia de comida cuando escuche un ruido extraño, era como un puto aspirador” – explica, “Gire la cabeza y vi a aquel tío tan siniestro sorbiendo la puta sopa y le dije, eh tío, no seas tan cerdo” y a partir de eso nos hicimos amigos. “Estaba bien tener a un amigo allí dentro”- comenta Iñaki; “Hay gente muy loca ahí dentro”
Al cumplir los 18 Iñaki y Asier fueron trasladados a una prisión de mínima seguridad, donde conocieron a Alex, “Era un tío muy raro, tocaba la batería a todas horas, pero sin batería”- explica Asier. Alex por su parte comenta; - “Me cayeron bien, tenían la mirada del tigre”
Por otra parte Carlos empezaba su carrera de Informática y ganaba dinero a espuertas con sus timos en Internet mientras los otros tres componentes del grupo se aprovechaban de los planes universitarios que ayudaban a los presos. Poco más tarde cuando Asier e Iñaki salieron de la cárcel, barruntaron con Carlos la idea del grupo, y pagaron la fianza de Alex para que consiguiese la condicional. Actualmente Alex toca con un pie encadenado al pedal del Charles e Iñaki una vez superada su adicción a las drogas se conforma con Xanax y tranquilizantes. “Fueron unos años duros”- finaliza Carlos.