Una cita con el maestro Chuck Berry
- Escrito por Borja Bujedo on February 8th, 2007 filed in Actualidad, Música, Opinión
Por Joseba Gómez
Lunes, 29 de enero del 2007. Baracaldo (Vizcaya).Una fecha y un lugar inolvidables para siempre.
Han tenido que pasar varios días para poder asumir lo que presencié en el recinto ferial BEC. Veo llegado el momento de escribir unas líneas al respecto pero lo cierto es que aún no me he recuperado totalmente.
Solo dos palabras: Chuck berry. Una hora justa, cronometrada, junto a un hombre de ochenta años, alguien al que no llamaré “anciano” porque la agilidad, presencia escénica y ACTITUD que demostró sobre el escenario dista años luz de la de la mayoría de octogenarios de carne y hueso que pululan por la faz de la tierra. Entidades como Little Richard, Jerry Lee Lewis o el propio Berry transgreden totalmente la edad que figura en sus respectivos carnets de identidad y se ven impelidos a esferas superiores del firmamento mientras nosotros, simples mortales, hemos de contentarnos con atisbar parte del aura por ellos emanada.
Cae la noche sobre Baracaldo. Nervios a flor de piel en el interior del BEC. Tras la consabida cola, penetro en la sala donde se celebrará el evento (la sala en cuestión no es sino el pabellón donde juega sus encuentros el equipo de baloncesto de la capital vizcaína).Naturalmente, me coloco en la primera fila.
Tras la breve intervención de un grupo musical de la zona, salen al escenario unos teloneros de lujo: ni más ni menos que los hermanos Auserón, que basaron su repertorio en versiones de clásicos. Fueron cayendo sin solución de continuidad interpretaciones de canciones míticas de Otis Redding, The Beatles, Robert Jonson, Rolling Stones, o del mismísimo Berry.
Finalizada la actuación de los hermanos Auserón, observo a las personas que me rodean: la tensión se palpa en el ambiente, ¡no todos los días se tiene la oportunidad de ver a uno de los pilares fundacionales del rock!
Entre el público, fauna de distinto pelaje: roqueros veteranos ataviados a la manera del Rey Elvis, chavales de corta edad luciendo sus prominentes melenas en un vano intento de emular a sus ídolos del heavy metal… Detrás de mí, un par de cincuentonas enfundadas en extravagantes abrigos daban un poco el cante en medio de tan peculiar panorama. Por un momento, pensé que eran grouppies. Realicé una tentativa de conversación que acabó en un simple amago, con lo cual induje que, al no resultar ser la parejita precisamente el paradigma de la extroversión, mi pensamiento inicial era infundado.
La actuación de Chuck Berry en Barakaldo
Las camisetas que lucía el personal, también eran variadas: Aerosmith, Rainbow, Johnny Cash…El rock tiene muchas caras, pero la actitud es la misma.
De repente, se apagan las luces. Varias siluetas surgen en la penumbra del escenario. Entre el grupo, reconozco a algún miembro de la familia de Chuck Berry, pero… ¿dónde está Chuck Berry? Un segundo…Ahí al fondo se aprecia a alguien o algo…
De entre las sombras hace su aparición una figura ataviada con una gorra blanca de marinero. Es él.
Imposible describir la locura que se adueñó de las primeras filas en un simple instante:¿Es acaso posible mantener la compostura cuando un mito hace su aparición delante de tus narices? Él llegó antes que los Beatles, incluso antes que Elvis, era alguien del que todo el mundo hablaba, una especie de leyenda lejana, y de repente se había materializado ahí. Estaba a pocos metros de mí, respirando el mismo aire. Pupilas de felicidad entre los que saltaban conmigo. En mi mente se agolpaban recuerdos de la infancia: la primera vez que escuché Johnny b. goode en la película Regreso al Futuro, el videoclip de Judas Priest en el que el grupo de Halford hacía una versión de la antedicha canción, Angus Young (guitarrista de AC/DC) imitando el “baile del pato” que Berry hiciera popular décadas antes…En fín, la vida que pasa, y no nos damos ni cuenta.
En los instantes finales, un grupo de jóvenes féminas fueron invitadas a subir al escenario. Nuestro héroe se movió entre ellas con pose chulesca demostrando que la edad no le había quitado un ápice de picardía. De repente, desapareció por un lateral.
El concierto había acabado, pero no el sueño. El público abandonaba el pabellón cuando me fijé en algo curioso: En un lateral, rezagado, había un crío de unos quince años intentando liar un peta. El mechero parece que no le obedecía. Su insistencia en la consecución del encendido, me sorprendió: ¿Acaso no se había percatado de que la sola presencia de alguien tan joven como él en un evento de estas características ya demostraba que la llama del rock, la que importa verdaderamente, estaba encendida y lo seguiría estando por muchos años?
August 20th, 2007 at 4:14 am
[…] había pasado a formar parte de mi mitología particular tras el conciertazo que diera el maestro Chuck Berry meses atrás (ya comentado en esta […]