La encrucijada de Irán

En el 2002 Bush realizó su famoso discurso en el que incluía a Irán, junto con Irak y Corea del Norte en el llamado “Eje del mal”. Cuatro años después los iraquíes están en una situación desastrosa, Pyongyang no ha cambiado su escalada militar y el gran beneficiado de todo ello ha sido Irán porque la invasión de su vecino ha multiplicado el precio de sus reservas de petróleo. Ni si quiera el propio gabinete de la casa blanca puede mantener la doctrina que ellos mismos acunaron con el nombre de “ataque preventivo”, si bien, los últimos hechos demuestran que la invasión de la tierra de los antiguos persas no será un paseo militar para las tropas estadounidenses.
Ello hace suponer que en un plazo medio los EEUU se vea obligado a cambiar la forma que no el fondo de esta doctrina para afrontar la crisis iraní. En el Congreso estadounidense está aumentando el apoyo a un “cambio de régimen” en Irán. La propuesta del Iran Freedom and Support Act insta a la Administración Bush a promover alianzas con grupos de la oposición. La iniciativa está siendo estrechamente coordinada con la Coalición por la Democracia en Irán (CDI), un grupo de presión creado por neoconservadores que tiene por objeto sentar las bases de la agenda de política exterior estadounidense con respecto a Irán. La CDI mantiene fuertes vínculos con Reza Pahlevi, hijo del derrocado Shah y actualmente en el exilio. El proyecto de ley también financiaría programas de radios independientes en Irán, similares a Radio Farda, una emisora financiada por EEUU que funciona 24 horas al día.
Sin embargo, ni siquiera con este cambio de estrategia la administración norteamericana tiene asegurada una solución fácil a la crisis iraní.
En la cuestión nuclear EEUU se puede encontrar con muchas puertas cerradas. China, interesada en ampliar su influencia en el Oriente Medio, ya ha amenazado con bloquear cualquier tentativa de imponer sanciones contra Teherán. Menos aún cuando Bush acaba de darle trato de aliado estratégico a la India, un país que se ha hecho con el arma nuclear. En un ensayo titulado Making Iran Play Ball, de Dennis Ross, el coordinador especial de Oriente Medio durante la presidencia de Bill Clinton, asegura: “los iraníes creen que pueden seguir avanzando gradualmente hacia el desarrollo del material físil de forma abierta o clandestina y sin incurrir en ningún coste real; la historia reciente sugiere que tienen razón”.
Por su parte, Irán conoce sus bazas y pretende seguir jugando con la diplomacia. Ahmadineyad ha adoptado un tono inflexible respecto a los planes iraníes de enriquecimiento de uranio para desarrollar energía con fines pacíficos. En su primera conferencia de prensa el 26 de junio (el primer acontecimiento de alto nivel en muchos años que no se ha traducido al inglés), el presidente electo se refirió al programa nuclear de su nación como “un derecho absoluto para Irán y para todos los iraníes”. Aseguró que Irán necesitaba la tecnología y que “lucharemos por conseguirla”. También dijo a los europeos que debían “bajar de sus torres de marfil”. En cuanto al pueblo iraní considera en su mayoría justificado su derecho de utilizar la energía nuclear para uso civil.
Además, la victoria de Ahmadineyad consolida el poder de algunas de las facciones antioccidentales más radicales de Irán, cerrando la brecha entre el clero fundamentalista chií y un Gobierno que había intentado fomentar el diálogo con Europa y EEUU.
Algunos expertos creen que EEUU finalmente acabará invadiendo la zona fronteriza de Juzestán, para asegurarse la mayor parte de la riqueza petrolera de Irán. De esta manera el ejército norteamericano reduciría los costes ocasionados por una guerra que abarcaría un país iraní densamente poblado en el que las centrales nucleares se sitúan en las ciudades.

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