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Sé que mi cruzada para que la gente se anime a leer reportajes literarios, o que por lo menos sean más originales que los que encontramos en los medios tradicionales, es infructuosa. Los post que he publicado sobre el tema no los ha leído ni Dios. Y es que este género concita en general tan poco interés que incluso los libros de poesía se venden más. Tan triste es el destino de los periodistas que se adentran en este camino sin retorno que si buscamos en Google la palabra periodismo literario la segunda referencia que aparece es este humilde blog.
Pero este post va a ser distinto: ¡¡hoy leeréis cabrones!! Aunque sólo sea por morbo.
He rescatado este reportaje de la web Etiqueta Negra en el que se describen de una manera bastante original las aventuras de Torbe, todo un comediante pornofreak (el reportaje tiene sus cosas buenas y malas pero por lo menos es original):

-!Oooooiiiiinnnnnk!

Un alarido resuena por toda la sala congelando las sonrisas de los invitados: conmociona escuchar el gruñido de una hembra de cerdo en celo en un apartamento del centro financiero de Madrid. Pero por aquí no hay ninguna marrana. Tampoco un marrano. Es Natxo Allende, alias Torbe, un actor porno español que no sólo es capaz de reproducir con fidelidad el reclamo sexual de una cerda, sino que cada día seduce a unos cien mil internautas con su web de sexo, novedades freaks y humor visceral. En www.putalocura.com, la buena nueva es la risa, el sexo es la religión y Torbe, su profeta.

Ahora él está en la ducha, gimiendo como una marrana. Si alguien tuviera el arrojo de darle una patada a la puerta entreabierta del baño, podría verlo -en plano general- envuelto en una toalla a modo de túnica: es una montaña de carne y pelos de ciento noventa centímetros de altura por ciento cuarenta y cinco de cintura que frota con vigor su espalda de oso y, feliz en su oronda desnudez, canturrea una canción desafinada de esos casetes de gasolinera que tanto le gustan. Ya no parece una cerda en celo, sino una ballena moribunda tratando de hacerse un lugar en un casting de American Idol. Pero si uno acercara la mirada como en un close-up de película porno, vería que a este gigante bilbaíno de treinta y seis años le cuelga un pene de escasos centímetros coronado por un capullo a la altura de los testículos: un conjunto bastante parecido a un sonajero. Es, como él mismo lo llama, «el micropene» que lo ha hecho famoso en el mundo del porno: siete centímetros en reposo y trece en erección.

Leer el resto aquí:

Más sobre Etiqueta Negra y sobre periodismo literario.


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