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El periodismo literario que se hace actualmente en España sufre una crisis de creatividad. Es raro que entre las páginas de los periódicos se puedan encontrar verdaderas joyas literarias y no porque falte el talento entre las plumas de muchas redacciones. Por desgracia, para los medios impera el deseo de obtener beneficios con el mínimo riesgo posible.
Hace ahora un año escribí un gran reportaje - es un género- sobre unas excavaciones arqueológicas a una cuevas de la prehistoria realizadas en Menorca. Mi intención fue no quedarme en la mera información sino penetrar en la maravillosa aventura que es una excavación arqueológica y para mi sorpresa encontré mucho más misterio del que pensaba. Resultó una experiencia fascinante.
Sinceramente dudo que este reportaje se lea mucho porque los internautas por lo general prefieren leer basuras como el paupérrimo blog de 20 minutos Yo quiere se ezcritor pero qué le vamos a hacer. El texto ocupa 10 páginas pero me limitaré a postear la primera parte y si la gente lo lee haré lo propio con el resto.

Una breve entradilla antes:

La Cova des Cárritx y la Cova des Mussols en Menorca albergan en su interior, testimonios de la vida del 2.000 antes de nuestra era tal y como los dejaron sus antiguos dueños, sin que les hayan afectado apenas las causas naturales de deterioro a las que se suelen ver sometidos este tipo de objetos. Este hallazgo ha podido producirse gracias al derrumbamiento de una roca de grandes dimensiones y al ocultamiento intencionado en época histórica de algunos de los restos de carácter ritual. Los resultados de la investigación han permitido a los arqueólogos adentrarse en la ideología de los hombres prehistóricos como pocas veces se había hecho hasta ahora y reunir más información para poner en duda la teoría tradicional sobre la colonización del mediterráneo en la prehistoria.

Primera parte del reportaje:

Una vez que desplazaron la losas pudieron entrar en la cámara más profunda de la cueva, allí quedaron a merced del hallazgo más sorprendente que podían imaginar. Pero no lo supieron hasta que se percataron de que un “ser misterioso” les miraba. Su cara tenía un contorno zooantropomorfo en el que se distinguían con claridad la frente, los ojos fuertemente rasgados y una nariz alargada y chata. La cabeza estaba coronada por dos apéndices a modo de cuerno. Era una representación en madera sobre un altar de Cernunnos (cornudo) el dios celta de la fertilidad o lo que posteriormente la Iglesia cristiana ha venido a denominar con el nombre de Demonio. Para aquellos investigadores era una pieza fundamental para revelar los secretos de una aventura que comenzó 2.000 años antes de nuestra era. Pero ¿cómo podía ser que un objeto que tenía semejante procedencia se encontrara en la cueva del Mussols en Menorca una isla que se creía sólo habitada por los pueblos de la cuenca de mediterráneo en aquella época?

Esta es la historia de los hombres prehistóricos que habitaron Menorca en el 2.000 a.c y la del grupo de prehistoriadores del departamento de prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona que se dedicaron a estudiarles. En su búsqueda pudieron adentrarse como pocas veces se había hecho hasta ahora en los misterios de los ritos de vida y muerte de los antiguos pero mientras excavaban también se encontraron muchas otras cosas.
Todo comienza con una huida. Los primeros pobladores de Menorca seguramente ocuparon la isla huyendo de la violencia desatada en el norte occidental de la Península. En convivencia pacífica, y al margen de un entorno peninsular cada vez más violento, estos prehistóricos se establecieron en pequeñas comunidades. Éstas eran autosuficientes, y a pesar de la insularidad, los habitantes mantuvieron las mínimas relaciones comerciales con el fin de conseguir toda clase de materiales.
Hubo un tiempo en la isla (Menorca) -1600 y 1450/1400 ac- en el que los hombres vivían en cuevas y abrigos naturales y enterraban a quiénes morían en sepulcros construidos con grandes piedras (dólmenes). Pero luego -1600 ac- . Estos visitantes moraban en casas de piedra alargadas -denominadas naviformes porque su planta se asemeja a la de una embarcación-, agrupadas en poblados. Utilizaban cuevas naturales como cementerios, pero también excavaban en el suelo grandes agujeros -hipogeos- para dar descanso a sus seres queridos.
Los recién llegados -1600 ac- conocían cuevas de difícil acceso y no las utilizaban como morada sino que en ellas tenían lugar ceremonias mágicas en la que se rendía culto a las fuerzas subterráneas de la naturaleza. Los chamanes elegían aquellos lugares sagrados convencidos de que eran especiales y no se equivocaban.

Explorando

En febrero de 1995, los espeleólogos Pedro Arnau y Josep Márquez se encontraban inspeccionando algunas cuevas en el margen occidental del Barranc d´Algendar, situado en la parte suroccidental de la isla de Menorca, cuando repararon en una minúscula abertura en la pared rocosa que les hizo presuponer la existencia de un gruta.
Tras ensanchar un poco el orificio y descender por una pendiente de varios metros, tuvieron que encender sus linternas porque la oscuridad era completa. Ante sus ojos se iluminó un recinto de unos treinta metros cuadrados en cuya superficie yacían desordenadamente multitud de huesos humanos, brazaletes de bronce y fragmentos de otros objetos que inmediatamente reconocieron como prehistóricos. Con sumo cuidado, penetraron hacia el interior de la cueva con el propósito de determinar su recorrido y averiguar si existían otras vías de acceso.
A unos 80 metros de la entrada, tras atravesar otras dos salas y un corredor de estalactitas, se internaron por un ramal del trayecto principal y penetraron a rastras por un paso estrecho y angosto que desembocaba en un pequeño recinto. Pedro Arnau se encontraba de rodillas explorando posibles vías de comunicación con otras galerías cuando notó que el suelo cedía bajo su peso. Tras reponerse del susto se dio cuenta de que la losa de arcilla sobre la que se encontraba se había resquebrajado. Como si los secretos de aquella cueva quisieran ser descubiertos aparecieron rescatados de las entrañas de la tierra, donde habían estado escondidos por milenios, un conjunto insólito de objetos de madera, abundantes restos de lo que en aquel momento le pareció cabello humano, así como vasijas cerámicas y objetos de bronce.
Ambos espeleólogos conscientes de la relevancia del hallazgo, decidieron avisar de inmediato a la administración, pero mientras tanto no podían dejar al descubierto el paso que habían abierto en la pared del barranco. De vuelta al exterior, arrancaron matas de carrizo de tal forma que se disimulaba la entrada. Con esta acción dieron nombre a la que posteriormente sería conocida como la Cova des Cárritx.
Cuando en el departamento de prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona recibieron la noticia del descubrimiento de la Cova de Cárritx no podían imaginar que se enfrentaban a uno de los mayores retos profesionales de su vida.
La noticia del hallazgo a su compañero de departamento Rafael Mico se sintió “muy afortunado” y pensó que tenía una oportunidad de conocimiento única. Acababan de iniciar “una aventura intelectual”.
La primera vez que Vicente Lull, director del departamento de prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona, se internó por los intrincados pasadizos de la Cova des Cárritx y ante sus ojos aparecieron los restos arqueológicos se dio cuenta de que estaba ante algo extraordinario: tendría la oportunidad de estudiar restos prehistóricos intactos gracias a que una piedra enorme bloqueo la única entrada a la cueva pocos siglos después de que los hombres que la utilizaron realizaran los últimos enterramientos. Se trataba de una “instantánea fotográfica de la prehistoria”. Para él y para muchos compañeros de profesión “es insólito descubrir y tener la oportunidad de estudiar en detalle una amplia variedad de objetos prehistóricos de madera, metal, hueso marfil y cerámica, así como abundantes restos de las mujeres y los hombres que los utilizaron”.
Sobre todo porque, tal y como comenta el equipo de científicos, la isla (Menorca) siempre sorprende a quiénes se adentran por ella: a pesar de parecer un lugar pobre y débil sus riquezas naturales son tan variadas como abundantes. Tantas como para haber albergado en su soporte rocoso más construcciones de grandes piedras que en la mayoría de los lugares de la tierra. Asimismo, también engaña a los visitantes inexpertos debido a que su terreno irregular y accidentado da la sensación que en cualquier altozano se domina su paisaje pero no es así.
Desde la península es posible que en los días de más claridad los primeros pobladores pudieran ver islas y soñaran con todas estas riquezas, con el viaje hacia occidente, hacia lo desconocido, hacia el fin del mundo.

¿Continuará?


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