Ibarretxe,

“Ojala le metan en la cárcel (Ibarretxe) para que todo el mundo se percate de que no hay democracia (en España)”, afirmó ayer Arzallus con motivo de la citación de Ibarretxe para declarar en calidad de imputado en el Tribunal de Justicia Vasco por haberse reunido con la ilegalizada HB. Sus palabras revelaban el pensamiento en el que se basa el nacionalismo vasco: el victimismo y el odio al contrario.

Con este pensamiento es fácil prostituir la paz y negociar con ETA si con eso consigo mis objetivos. Y, por su puesto, resulta hasta cómodo relativizar los atentados de la banda terrorista y decir que es necesario dialogar mientras es la sangre de los demás es la que se derrama. Nada mejor que un atentado para el señor Ibarretxe para hacer política y para destacar que es necesario resolver el “problema vasco”. Ochocientos muertos equivalen a una mesa de negociación en su mente afectada por el nacionalismo enfermizo. Me pregunto ¿cuántos atentado más tendremos que soportar, según esta teoría, para satisfacer a los asesinos? Y ¿cuánto vale para él poder político en comparación con las armas?.

En su cita con la justicia, ayer, el lehendakari con una sonrisa en la boca ponía en tela de juicio la capacidad de los jueces vascos mientras reiteraba su intención de negociar con los terroristas de H.B; hacía de abogado del diablo fiel a los metodos de sus defendidos. Porque al igual que ellos deslegitimaba el poder de la ley y aseguraba que estaba en función del poder político español, a sabiendas, de que la acción que estaba protagonizando no tenía más intención que la de conseguir lo que él criticaba , esto es, meter presión sobre los jueces para conseguir objetivos políticos.

Siempre es un mal negocio especular con el terrorismo sobre todo si para ello hay que hacer de abogado del diablo. Al final, nunca cumple lo que promete y si no que se lo digan a Zapatero.


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