Diez años sin Jeff Buckley
Por Joseba Gómez
Estoy en una nube. Me siento más vivo que nunca. Me dan ganas de salir a la calle y hacer partícipe de mi felicidad a todo aquel que quiera escucharme.
Acabo de visualizar por enésima vez el concierto del Cabaret Metro del 13 de mayo de 1995.
El jodido concierto de Chicago de Jeff Buckley.
Y eso no es moco de pavo, creedme. Eso es algo grande.
Muy grande.
Jeff Buckley abandonó este mundo al mismo tiempo que entraba en mi vida. Yo descubrí Grace (su obra maestra) un par de años después de la publicación del disco, y desde ese mismo momento consideré a su creador como un amigo más, alguien que me acompañaría para siempre en este estercolero de mediocridad que llamamos planeta tierra, un compañero inseparable…
Y, paradojas del destino, cuando comienzo a rebuscar datos del artista por la curiosidad típica del fan… ¡Zas! La broma macabra definitiva, la jodida Ley de Murphy de siempre: Dios ha vuelto a jugar a los dados con la humanidad, y lo primero que encuentro es una noticia de última hora, precisamente la única que no te esperas leer: “El cadáver del músico Jeff Buckley ha sido localizado; posible suicidio”.
Un amigo muerto.
Un amigo al que acababa de conocer.
Y ahora acabo de redescubrir el concierto de Chicago.
Y me doy cuenta de que esa noticia era mentira.
He vivido engañado todos estos años, una década entera creyendo algo imposible, algo que no era.
He vuelto a escuchar todas esas canciones, sobre todo esa sobrecogedora interpretación del clásico de Leonard Cohen: “Hallelujah”.
Y he comprendido que una persona así no muere nunca.
Por las noches, mirando al norte en un cielo despejado, se observa un objeto resplandeciente, algo que la gente viene a llamar “estrella polar”.
Pero yo lo llamo Grace.
Deja tu comentario